Cada vez que una nueva ola de automatización llega a este oficio, alguien anuncia que nuestro trabajo desaparece. Y cada vez ocurre lo mismo: el trabajo no desaparece, sube el listón. Lo he vivido varias veces. Cuando las herramientas empezaron a hacer por nosotros lo que antes hacíamos a mano, lo rutinario se volvió barato y abundante. Pero eso no nos dejó sin nada que hacer; simplemente cambió qué se consideraba valioso. La tarea que cualquiera, o cualquier máquina, podía hacer dejó de dist...